Guatavita

 

Para comprobar que una leyenda trascendió el plano de lo fantástico, sólo hay que salir de Bogotá por la Autopista Norte o la vía a La Calera y encontrarse con la laguna sagrada de Guatavita donde sucedió la leyenda de El Dorado o Eldorado, la que hizo que en el siglo XVI los conquistadores españoles llegaran a nuestro territorio. Los relatores de esos hechos y el escenario donde sucedieron se localizan a 75 km de la capital colombiana, aproximadamente una hora de recorrido. Pero además de la famosa leyenda, son varias las razones para tener en cuenta en este paseo por la sabana de Bogotá, que se hace muy agradable, además de los hechos fantástico-reales, por los paisajes a la vera del camino, los pueblos visitados y las reservas ecológicas que oxigenan el entorno. Antes de enfatizar en los pormenores de la historia ocurrida en las aguas de la laguna, vale reseñar que Guatavita, el actual municipio, es un complejo arquitectónico con 42 años de existencia, construido para reemplazar al antiguo pueblo que quedó inmerso en las aguas del embalse de Tominé, magistral obra que genera energía para las localidades cercanas y que a su vez es surtidor importante del agua que se consume en Bogotá. Así mismo el embalse es escenario para deportes como el velerismo y el esquí acuático. Guatavita, la laguna sagrada, que geográfica y legalmente pertenece al municipio de Sesquilé, era el sitio ceremonial en el que los indígenas adoraban a Chie, su diosa del agua, por medio de fastuosas ceremonias que originaron la leyenda de El Dorado y según la cual el cacique muisca llegaba acompañado de cuatro sacerdotes en una balsa de madera, antes de sumergirse impregnado en oro y cargado con los tesoros que recogía de la comunidad con el fin de abandonarlos en el agua como ofrenda y símbolo de adoración. Para los nativos el trabajo en oro no representaba valor económico sino una forma de acercarse a sus dioses. Guatavita, el nuevo pueblo construido en la década de los sesenta, es un patrimonio arquitectónico clasificado en construcciones familiares y civiles. Las primeras están representadas en casas simétricamente diseñadas con paredes blancas y tejas de barro; y las segundas, son lugares como la Alcaldía Municipal, la Casa de la Cultura, 17 plazoletas, el Puente de los Enamorados, la plaza central, el centro artesanal y la fuente de la Cacica, conectados todos por calles de piedra y adoquín. Prácticamente todo lo edificado y esculpido en la nueva Guatavita tiene que ver con la leyenda cuasi verdadera de El Dorado; y en una caminata prolongada y sin prisa resulta fácil encontrar datos que acercan a los hechos, bien porque están las inscripciones y los documentos, o bien porque hay guías y lugareños muy bien informados, y que de igual forma saben transmitir los acontecimientos al visitante.